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Huertos Filosoficos http://huertosfilosoficos.com Talleres de filosofia Thu, 30 Apr 2020 12:32:03 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.8.13 http://huertosfilosoficos.com/wp-content/uploads/2017/10/cropped-logo-huertos-filosoficos-32x32.jpg Huertos Filosoficos http://huertosfilosoficos.com 32 32 Formación «ONLINE»: La Filosofía y su Práctica en Familia. http://huertosfilosoficos.com/2020/04/30/filosofia-infancia-familia-pensamiento-democracia/ http://huertosfilosoficos.com/2020/04/30/filosofia-infancia-familia-pensamiento-democracia/#respond Thu, 30 Apr 2020 06:09:17 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1373 Presentación

 “La Filosofía y su práctica en Familia”,  organizada por el Área de Cultura de Mijas, la cual está  abierta tanto a familias como a  profesionales vinculados con la Infancia, abre sus inscripciones.

El objetivo de la formación  es que podamos facilitar o propiciar, “entre todos”, una convivencia pacífica en el marco de la razonabilidad, la creatividad y la sensibilidad ética  en casa y en cualquier otro contexto social.
Fundamentado en el proyecto educativo “Filosofía para Niños y Niñas” de M. Lipman y Ann Sharp, se propone una formación ONLINE (8, 15 y 29 de Mayo) con viaje incluido al mundo de la sabiduría de la mano de pensadores clásicos y contemporáneos, así como recursos culturales como  textos literarios, música, cine y obras de arte para construir una metodología  participativa y dialógica.

Formadora:

María José Coronado Luque: es educadora  con especialidad  en Ciencias Humanas por la Universidad de Málaga, posgrado en Filosofía para Niños  3/18  por la Universidad de Gerona. Formadora de formadores por la Asociación Nacional de Filosofía para Niños, representante en España del proyecto internacional Philosophy for Children. Creadora del sitio www.huertosfilosoficos.com.

 

FORMACIÓN ONLINE

“La Filosofía y su Práctica en Familia”

 8, 15 y 29/05/2020 Horario de 17:30 a 19:30

FECHA MÓDULO
8/Mayo

 

17.30-19.30

Saludo y presentaciones

Sesión  1. El Asombro, un atajo de la Filosofía a la Sabiduría y a la Vida.

El asombro y  la curiosidad son un atajo al conocimiento y al agradecimiento ante el reconocimiento de los misterios de la vida. Quien se pregunta  hace filosofía. (FpN presentación).

Ponente y tallerista: Mª José Coronado Luque. Formadora del Centro Nacional de Filosofía para Niños de España y  de Huertos Filosóficos.

15/Mayo

 

17.30-19.30

Sesión  2. Familias Filósofas, Familias Libres y con Compromiso.

 Las familias pueden ser educadoras o pueden ser espacios que reproducen hostilidad e indiferencia, carentes de  curiosidad, ilusión, deseos de aprender  y de humanidad. El “Arte del Diálogo” socrático o mayéutica, y la filosofía como arte de vida para el desarrollo personal y social, ayudan a construir familias reflexivas, creativas y cuidadosas. (El diálogo filosófico).

Ponente y tallerista: Mª José Coronado Luque. Formadora del Centro Nacional de Filosofía para Niños de España y en Huertos Filosóficos.

29/Mayo

 

17.30-19.30

Sesión  3. Desarrollo Personal para un Desarrollo Social

Las personas que tienen un proyecto de vida, una semilla para plantar en la  sociedad,  un sueño que hacer realidad para compartir,  atesoran grandes posibilidades de vivir una vida plena. En la comunidad familiar se puede estimular un espacio de escucha atenta  y validación mutua que capacite a cada uno de sus miembros para SER y HACER.  (Comunidad de Indagación).

Ponente y tallerista: Mª José Coronado Luque. Formadora del Centro Nacional de Filosofía para Niños de España y de Huertos Filosóficos.

 

Inscripciones:

+INFO: filosofia@huertosfilosoficos.com. Móvil: 625214280.

*Fecha límite para inscribirte: 6 de mayo.

Plazas limitadas. Precio: gratuito.

 

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Mi Bebeteca, Libritos a Pasitos: El Patito Feo http://huertosfilosoficos.com/2020/04/19/cuentos-para-bebes-filosofia-en-familia/ http://huertosfilosoficos.com/2020/04/19/cuentos-para-bebes-filosofia-en-familia/#respond Sun, 19 Apr 2020 09:37:21 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1358 ¡Bienvenid@s un mes más niños y niñas!

Como cada mes, se ofrece a la Primera Infancia (6 meses a 4 años) un cuento  que será narrado por la tortuga «Pecas». Ella realizará además muchas preguntas porque es muy curiosa; preguntas antes, durante el cuento y al final del mismo para movilizar el pensamiento y, de esta manera, poco a poco ir construyendo pensamiento reflexivo. creativo y cuidadoso.

El patito feo… de H.C Andersen es el cuento de hoy…

Aquí  tenéis  posibles preguntas para los pequeños, pero también para el resto de la familia.

Recuerda que lo ideal es que los niños y niñas sean los que  pregunten, que ellos cuestionen, pero. ojo,  en estas etapas, por lo general, la dinámica recaerá más bien  en el adulto.

¡¿Te atreves a pensar con cuentos?!

BOMBILLAS PARA PENSAR CON NIÑ@S

Mientras veis el video del cuento o al leer el cuento en casa podéis ir parando y proponiendo  estas preguntas. Cuando los pequeños aún no saben hablar contestarán con gestos y si están perdidos el adulto responderá entablando un diálogo consigo mismo que le dará al niño o niña la oportunidad de descubrir la dinámica musical del diálogo, vocabulario, un momento de vínculo emocional con la literatura Infantil como recurso.

Siempre que sea posible se pregunta ¿por qué?

Habilidades de Investigación

-¿Qué ves aquí? ¿Por qué? (Antes de empezar y el la portada)

-¿Cómo son los patos?¿Por qué?

-¿Dónde están los huevos? (Encima, debajo) ¿Por qué?

-¿Cómo son? (grandes, pequeños…)

-¿Cómo se siente el patito? (contento, triste, enfadado…)

-¿Qué hace?

-¿Por qué se va?

-¿Con quién se encuentra?

-¿Qué animal es el que te ha gustado más?¿Por qué? (Al final)

BOMBILLAS PARA PENSAR CON ADULTOS.

-¿Solemos rechazar al diferente? ¿Por qué?

-¿Necesitamos ser aceptados? ¿Por qué?

-¿Qué harías si ves que alguien es rechazado?

-¿Qué harias si descubres que estás siendo excluido?

-¿Qué importancia tiene la autoestima en las relaciones?

TESOROS y SECRETOS  DEL CUENTO

Para terminar os dejamos  los valores (TESOROS) que duermen en este cuento….

¿Puedes nombrar los que reconoces? ¿Por qué?

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Texto: «¿Es posible adivinar el futuro?» http://huertosfilosoficos.com/2020/04/14/cafe-filosofico-pandemia-pensadores-futuro/ http://huertosfilosoficos.com/2020/04/14/cafe-filosofico-pandemia-pensadores-futuro/#respond Tue, 14 Apr 2020 17:03:20 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1351 Té con Diálogo Filosófico.

«ACTIVIDAD  PRESENCIAL APLAZADA»

16-Abril-2020

VERSIÓN  ONLINE

Biblioteca Pública Municipal  Manuel Altolaguirre – Benalmádena Pueblo

Espero que estés bien y que todos tus seres queridos también…

Desde este espacio educativo y cultural no hemos parado de generar contenidos desde hace más de cinco años y ahora, desde el minuto CERO DE LA PANDEMIA,  sabíamos, más que nunca, que nuestro deber era seguir con la misma labor. En youtube, Instagram, Facebook y en nuestra web encontrarás contenidos para todas las edades. Te invitamos a divulgar para acompañar a otros durante el confinamiento con  el programa especial que hemos llamado: «CUENTOcontigoxTODOS.

Empecemos…

Bueno, era verano del 2019 cuando, un día caluroso, me apresuraba a organizar los temas para poder PENSAR JUNTOS en los talleres de “Diálogo Filosófico” en la Biblioteca Manuel Altolaguirre de Benalmádena.

Justo para abril del 2020 se programó un tema que me llegó por el epígrafe de un libro del gran pensador y divulgador de filosofía Jordi Nomen  que llamamos: “¿Es posible adivinar el futuro?”

¡Es curioso…, es sorprendente! porque inmersos en una realidad tan extraordinaria como la que estamos viviendo tanto  economistas, sociólogos, estadistas, filósofos… y todos nosotros nos preguntamos lo mismo…: ¿qué va a pasar en el futuro?

Como cada  mes, te invitamos a leer un  texto  y a proponer al menos una pregunta  con el objetivo de aprender unos de otros pensando juntos.

Deja tu pregunta o reflexión en forma de cometario en el Facebook de la Biblioteca Pública Municipal  Manuel Altolaguirre de Benalmádena.

Texto 1. Diez Pensadores y sus  Predicciones para después de la Pandemia

Autor: Félix Badia

¿Qué, cómo y cuánto cambiarán nuestras vidas a consecuencia de la epidemia? Diez pensadores –historiadores, escritores, sociólogos, filósofos…– hablan de cómo nos puede transformar esta pandemia, de a qué valores daremos prioridad en el futuro, de cómo evolucionará la economía, o de qué forma cambiarán las relaciones entre las personas y las sociedades. En un momento extremadamente complejo, las opiniones son también muy diversas: las hay pesimistas y las hay esperanzadoras, pero entre ellas predomina que nuestra sociedad será más solidaria, o debería serlo, y que la política se renovará de verdad. O debería hacerlo. Una impresión, sin embargo, es generalizada: estamos en términos históricos, en un punto de inflexión, en una curva cerrada al final de una larga recta.

El escritor Fernando Aramburu define de forma gráfica ese cambio. “Ahora mismo ya se percibe la poca importancia que empieza a tener lo que ayer nos deslumbraba”, señala. O el analista político Michel Wieviorka, que alude a “la metamorfosis acelerada que nos impone el virus”. La cuestión, pues, es hacia dónde nos llevará ese giro. La filósofa Victoria Camps señala un posible camino que tal vez ya se percibe, porque, asegura, estamos descubriendo cosas como el valor del conocimiento científico o el de un buen sistema sanitario y que, a nivel individual, el teletrabajo en el mundo del empleo, y la lectura o escuchar música, en el ocio, son opciones que pasan a un primer plano. “Cambiar de prioridades es posible -señala-. Sólo hay que querer hacerlo”.

La crisis puede desembocar en una sociedad más cohesionada y con más apoyo mutuo, pero no todos confían en ello

Tal vez el destino para estos cambios más repetido entre los consultados es un mundo más solidario, aunque no todos confíen en que se convierta en una realidad. Para Wieviorka, “la epidemia es también una fuente de actividades ciudadanas o asociativas renovadas, de solidaridad, a la escala de un inmueble, de un barrio o de una ciudad, o a un nivel mucho más amplio”.

El mismo nivel que reivindica el escritor Agustín Fernández Mallo al señalar que, en un momento de repliegue de los estados sobre sí mismos, “si perdiéramos la conciencia universalista que nos ha caracterizado, sería un error, una pérdida de las ideas que heredamos de la Ilustración”. Wieviorka reanuda su reflexión, al explicar que “se impone pensar en global, pero la epidemia podría pesar sobre la globalización en sí misma, no necesariamente para ponerle fin o limitarla, sino para transformarla e incitar a los actores políticos a frenar su carácter fuertemente neoliberal”.

Solidaridad también con aparentes contradicciones: en un mundo individualista y ahora más aún por la obligación de confinamiento y de mantener las distancias, el historiador Timothy Snyder cree que “si demostramos una gran solidaridad en tiempos de extrema separación, no solo seremos supervivientes de la pandemia sino, es de esperar, que contribuyamos a una política más amable de la que soportamos ahora”.

¿Confianza en una renovación política futura? No todos son optimistas. El historiador Keith Lowe a pesar de querer serlo no tiene mucha fe en un cambio de este tipo. Hay una serie de lecciones que Europa aprendió en 1945, tras la guerra, que no cree que ahora se tengan en cuenta. “Sospecho que no somos tan sabios como nuestros abuelos –afirma–. Contaremos los muertos y lamentaremos la devastación de nuestras economías. Pero entonces volveremos a la austeridad, la desigualdad de riqueza y el infinito resentimiento hacia nuestros vecinos. Como siempre”.

Tampoco es especialmente optimista Adela Cortina, porque “el futuro se prepara cultivando el presente y las actitudes en plena crisis siguen siendo las mismas”. Sin embargo, la filósofa valenciana reivindica que ese cambio de actitud es imprescindible: “Deberíamos estar aprendiendo de esta experiencia, inédita para muchos de nosotros, que la vulnerabilidad y la fragilidad nos constituyen, que somos radicalmente interdependientes”.

La actual crisis sanitaria nos revela, por nuestra fragilidad, como radicalmente interdependientes

En un momento en que, desde el punto de vista del pico de la enfermedad se empieza a intuir un cierto horizonte de mejora, la preocupación crece en torno al futuro de la economía, pero el italiano Emanuele Felice matiza que “esta crisis ya nos está enseñando algo: hay cosas más importantes que la economía”.

Felice añade que aunque al principio de la epidemia hubo quienes dieron prioridad a que no se detuviera el sistema económico tuvieron que cambiar de opinión. “Se puede afirmar –añade– un principio que marcaría un punto de inflexión en comparación con las últimas décadas: podemos poner el sistema económico al servicio de los derechos humanos fundamentales, como la salud de los ciudadanos o la educación, al servicio del medio ambiente; en lugar de que sea al revés”. Una afirmación relevante, si se tiene en cuenta que proviene de un historiador económico.

Thimothy Snyder, historiador

“Una política más amable que de la que soportamos ahora”

“La vida moderna, con su individualismo y complejidad, con nuestros deseos personales y nuestra red infinita de relaciones, ya giraba en torno a la separación y la solidaridad. La enfermedad trae la paradoja a casa. ¿Podemos cuidar de nosotros cuidando de los demás? Muchos de nosotros sobreviviremos. Como lamentaremos y cómo celebraremos después dependerá de lo que hagamos en los próximos meses. Si demostramos gran solidaridad en tiempos de separación extrema, no sólo seremos supervivientes, sino, uno puede esperar, contribuyentes a una política más amable que la que soportamos ahora.”

Keith Lowe, historiador

“No somos tan sabios como nuestros abuelos”

“Como optimista que soy, espero que aprendamos de esta crisis. Tal vez nuestros políticos dejarán de pelearse y empezarán a cantar desde los balcones. Tal vez aprenderemos a valorar adecuadamente a los trabajadores clave: los que ponen la comida en las estanterías, los que cuidan por los mayores y los enfermos. Ese es el tipo de lección que Europa aprendió en 1945, después de una crisis mayor que esta. Pero sospecho que no somos tan sabios como nuestros abuelos. Contaremos los muertos y lamentaremos la devastación de nuestras economías. Pero regresaremos a la austeridad, a la desigualdad de ingresos y al eterno resentimiento respecto a nuestros vecinos. Igual que antes.”

Agustín Fernández Mallo

“Cuidado con la pérdida de las ideas de la Ilustración”

“Creo que, en primer lugar, al ver la importancia de la Red y sus subredes sociales y diferentes canales de información, saldrán reforzadas las bondades de la conectividad telemática entre las personas, en detrimento de los hasta ahora posibles perjuicios ocasionados por la globalización. Los apocalípticos de la tecnología global no tendrán en este caso muchos argumentos.”

“Por otra parte, supongo que aparecerá durante un tiempo el miedo al viaje de ocio, y que se reforzarán los lazos comunitarios tanto entre los barrios de las diferentes ciudades como en la macroescala mundial. Si nos quedásemos sólo en la idea del refuerzo de lo local y perdiéramos la conciencia universalista que nos ha caracterizado, sería un error, una pérdida de las ideas que heredamos de la Ilustración. La Unión Europea tiene aquí quizá su última oportunidad para revalidarse como imaginario de cohesión de sus diferentes naciones. Esperemos que no lo desaproveche”.

Emanuele Felice, historiador económico

“La lección es que hay cosas más importantes que la economía”

“Algunas epidemias han tenido consecuencias decisivas para la historia humana. La mayoría de los estudiosos creen que las plagas del siglo segundo y tercero fueron la principal causa del declive de la civilización romana. Más de mil años después, la gran plaga del siglo XIV marcó, para gran parte de Europa occidental, el abandono definitivo del feudalismo, a diferencia de Europa oriental: pequeñas diferencias, un desarrollo ligeramente mayor de las ciudades del Oeste, llevaron a una clara divergencia en términos de desarrollo.

“¿Hoy en día? Es difícil hacer predicciones. Pero quizás algo esta crisis ya nos está enseñando. Hay cosas más importantes que la economía. En todo el mundo, quienes argumentaron que el sistema económico no debería detenerse tuvieron que retroceder. De este modo, se puede afirmar un principio que marcaría un punto de inflexión en comparación con las últimas décadas: podemos poner el sistema económico al servicio de los derechos humanos fundamentales, como la salud de los ciudadanos o la educación, al servicio del medio ambiente; en lugar de dejar que sea al revés”.

Victòria Camps, filósofa

“Cambiar de prioridades es posible. Solo hay que querer”

“La pregunta que me hago es: ¿qué echamos de menos desde que estamos confinados? Echamos de menos la libertad de movimiento. Pero ¿para hacer qué? Detengámonos a pensar si todo lo que hacíamos rutinariamente, por convención, porque había que hacerlo, merecía la pena. Estamos descubriendo el valor del conocimiento científico, el de un sistema sanitario público sólido y bien dotado de recursos, el de una auténtica política que nos lleve a cooperar y no a pelearnos. Descubrimos que el teletrabajo puede ser muy eficiente, que leer o escuchar música es una opción nada desechable. Cambiar de prioridades es posible. Sólo hay que querer hacerlo”.

Adela Cortina, filósofa

“No sobreviven los más fuertes, sino los que se apoyan”

“Cambiará bien poco, me temo, porque el futuro se prepara cultivando el presente y las actitudes en plena crisis siguen siendo las mismas. El personal sanitario se desvive por salvar vidas, la ciudadanía cuida de sí misma y de los suyos, hay admirables muestras de solidaridad y repulsivos ejemplos de bajeza. Por su parte, los políticos continúan buscando votos, y los pobres y los inmigrantes siguen sin existir, no digamos ya las gentes de países más desfavorecidos.”

“El presente no augura un futuro mucho mejor. Y, sin embargo, deberíamos estar aprendiendo de esta experiencia, inédita para muchos de nosotros, que la vulnerabilidad y la fragilidad nos constituyen, personal y socialmente, que somos radicalmente interdependientes. Como bien decían los viejos anarquistas, en la lucha por la vida no sobreviven los más fuertes, los supremacistas, los que provocan el conflicto y la polarización, sino los que refuerzan ese valor sagrado que es el apoyo mutuo.”

Michel Wieviorka, sociólogo

“El futuro existe, no podemos abandonarnos al presentismo”

“Se impone pensar en clave global, incluso para cuestiones o problemas menores y localizados. Pero la epidemia puede suponer un peso sobre globalización en sí misma, no necesariamente para ponerle fin, o reducirla, sino para transformarla, y tal vez en particular para incitar a diversos actores políticos a dejar de aceptar su faceta neoliberal”.

“Es de esperar que habrá más peso para la razón, seriamente perjudicada por las fake news y la posverdad: ¿Quién, al margen de las sectas religiosas, rechazaría la perspectiva de una vacuna contra los virus de la familia del Codiv 19? Por otra parte, la irrupción de lo imprevisto, con sus enormes consecuencias, es un fenómeno histórico que nos recuerda que las grandes rupturas son aún posibles: el futuro existe, no podemos seguir viviendo solo en el presente, no podemos abandonarnos al presentismo”.

Saskia Sassen, socióloga

“Esto es diferente”

“La primera reacción es, como decimos en inglés: “What the Hell is this…”. Hay una especie de transversalidad que entra en juego con este virus global, marcado por una invisibilidad que no nos es familiar. Los que viajamos muchos nos sentimos cómodos más o menos en cualquier región del mundo. Pero esto es diferente: una mezcla de invisibilidad que logra paralizar ciudad tras ciudad, nunca mostrando su cara. El desafío es que este “invasor” por así decirlo, navega en nuestro planeta de una manera que no nos es familiar y esto es difícil de manejar para nosotros. Todo lo que quiere es una pequeña extracción de nuestros pulmones, solo un poco.”

Fernando Aramburu, escritor

“Habrá un antes y un después económico y social”

“Me abstendré de aventurar profecías. Creo que, efectivamente, habrá un antes y un después económico y social de la actual pandemia si esta se prolonga en el tiempo. Mi gran temor es que si dura mucho se rompa el pacto social y afloren comportamientos dictados por el afán crudo de supervivencia. Espero que no lleguemos a tales extremos. No descarto que la catástrofe le arree una sacudida brutal al canon cultural. Ahora mismo ya se percibe la poca importancia que empieza a tener lo que ayer todavía nos deslumbraba”.

“La pandemia tendrá sus ganadores, ya que todo fenómeno colectivo está asociado con la posibilidad de hacer negocio, sea este sucio o limpio. Enterrados los muertos, neutralizado el virus, el olvido empezará sin demora su implacable tarea y es posible que durante un tiempo cobre auge el género de la comedia”.

Moisés Naím, analista político

“Habrá ajustes en la estructura de la organizaciones”

“Depende de cuánto dure la pandemia. Si se consiguen una vacuna y una cura en los próximos meses es probable que en pocos años ya no haya mayores transformaciones en nuestras vidas como resultado de esta crisis. Pero un cambio que va a perdurar es el número de personas que trabajan desde sus hogares. Muchos de estos arreglos laborales, que ahora son transitorios, se harán permanentes y, a su vez, motivarán ajustes en las estructuras de las organizaciones y su manera de trabajar”.

Fuente

https://www.lavanguardia.com/cultura/20200404/48280565051/coronavirus-epidemia-cambio-pensadores-futuro.html

CUENTOcontigoxTODOS.

QUÉDATEenCASA.

 

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Mi Bebeteca, Cuentos a Gatas. Cuento: ¿Qué hace falta? http://huertosfilosoficos.com/2020/03/22/filosfia-para-ninos-y-ninas-cuentos-para-bebes-filosofia-aplicada-pensar-con-rodari/ http://huertosfilosoficos.com/2020/03/22/filosfia-para-ninos-y-ninas-cuentos-para-bebes-filosofia-aplicada-pensar-con-rodari/#respond Sun, 22 Mar 2020 14:09:45 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1321 Taller para Bebés

Edad: 6 meses a 4 años.
Organiza: Biblioteca Arroyo de la Miel. Coordina: Huertos Filosóficos ( Mª José Coronado Luque y Rosa Valderrama Cabello)
Cuento: ¿Qué hace falta?. Editoral: Kalandraka.

Este mes de marzo se entrega para los pequeñines un maravilloso   cuento de RODARI.
Como educadoras y talleristas hemos creado una versión ONLINE de nuestro taller que hemos llamado «QuédateEnCasa porque Cuento Contigo» para   crear amor por los libros, pensamiento creativo, ético y reflexivo  desde la infancia. Con estos recursos, además, te damos a  conocer el proyecto educativo Filosofía para Niños y Niñas.

Se entregan cuatro recursos: cuento, Bombillas de Pensamientos (Plan de diálogo), Los Tesosoros del Cuento y una Nana para cantar después del cuento.

Cuento contado por la Tortuga Pecas

«Bombillas de Pensamientos para las niñas y niños».

Si los pequeños aún no hablan, el adulto construye el diálogo y añade un  «por qué» para los que ya saben hablar un poquito…

Habilidades de Ivestigación

-¿Qué ves en la portada del cuento?

-¿Dónde están las palabras y la mesa (encima, debajo)?

-¿Cómo es la mesa (grande, pequeña, alta, baja)?

Habilidades de Conceptualización y Razonamiento.

-¿Lo que ves está también en nuestra casa? ¿Dónde?

Habilidades de Comunicación o traducción

-¿Qué hace con la regadera?

-¿Qué hace con el rastrillo?

-¿Qué vemos en esta escena?

Bombillas de Pensamientos para adultos

-¿Solemos pararnos a pensar sobre cosas cotidianas como una flor? ¿Por qué?

-¿Qué condiciones son necesarias para parar  y mirar la vida cotidiana? ¿Por qué?

-¿Qué cosas te gustan mirar con atención en tu cotidianidad? ¿Por qué?

-¿Cuáles son los secretos escondido en la  vida diaria? ¿Por qué?

-¿Cuál es tu criterio para decidir qué es esencial o  prioritario en la vida? ¿Por qué?

-¿Puede una flor, tal como dice Rodari, crearlo todo? ¿Por qué?

-¿Cuál es el mensaje secreto escondido en este cuento?

 

¿Cuáles crees que son los Tesoros y Secretos  escondidos en el cuento? (Adultos)

 

Nana para el cuento. Canción: ¡Hace falta una flor! Letra de Gianni  Rodari y música de Sergio Endrigo.

Un abrazo desde casa y recuerda que eres el mejor juguete de tu hija o hijo.

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http://huertosfilosoficos.com/2020/03/22/filosfia-para-ninos-y-ninas-cuentos-para-bebes-filosofia-aplicada-pensar-con-rodari/feed/ 0
Textos: ¿Es la lactancia materna un mandato? http://huertosfilosoficos.com/2020/03/06/maternidad-dialogo-filosofico-cafe-filosofico-lactancia/ http://huertosfilosoficos.com/2020/03/06/maternidad-dialogo-filosofico-cafe-filosofico-lactancia/#respond Fri, 06 Mar 2020 06:28:22 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1312 Té con Diálogo Filosófico.

«ACTIVIDAD APLAZADA»

Fecha: 12-03-2020

Hora: 18:00

Biblioteca Manuel Altolaguirre – Benalmádena Pueblo

 

Texto 1. Para leer el mundo. Maternidad intensiva. Autora:

Maite Larrauri

Es un hecho que existe lo que Beatriz Gimeno llama en su libro (La lactancia materna. Política e identidad) “un mandato de lactancia”. Basta entrar en Internet, o visitar el reparto de embarazadas o la consulta de pediatría de un hospital para comprobar que el discurso único, hoy en día, es el de la lactancia materna. “El pecho es mejor” es un mantra científico y popular, y esa combinación de ciencia y de sentido común lo hacen aspirante a ser hegemónico.

Pero el objetivo de este libro no es llevar la contraria, sino explicar cómo y por qué se ha forjado una identidad de maternidad intensiva en torno a la lactancia, entendiendo por ello, además de dar de mamar exclusivamente, hacerlo a demanda (y no con un horario), poner en práctica un apego madre/bebé en el porteo (al brazo, al pecho, a la espalda) y el colecho (en vez de cuna, durmiendo con la madre). Y todo esto por un tiempo muy prolongado, que puede llegar, en según qué aspectos, a los 6 años. Se entiende que se llame “maternidad intensiva” porque la madre, con este programa, poco más puede hacer. La pregunta es obvia: si las mujeres que hoy en día defienden esta maternidad fueron criadas muchas de ellas con leches maternizadas o de fórmula y no parece que su salud se haya visto afectada, si sus madres lucharon para introducirse en el mundo de los estudios, del trabajo y de la política, si las feministas de los años 70 pensaban que la reproducción tenía que ser socializada, ¿qué ha pasado? ¿Por qué la identidad de maternidad intensiva tiene todas las características de una identidad hegemónica? El alcance del libro es muy superior al de una crítica, lo que Gimeno expone sirve para entender cómo se forjan identidades y cuál es la relación entre las identidades y el mundo de la política.

Sin duda, hay que recurrir a la teoría foucaultiana como hace Gimeno para explicar la construcción de la identidad. Así que me permito utilizarlo a mi vez. Las relaciones de poder no son relaciones de dominación, dice Foucault: la dominación puede ser dura, pero deja intacto el territorio de la desobediencia. En cambio el poder consiste en conducir conductas, sin obligar externamente; la acción sobre una misma es muy eficaz cuando es una misma quien se conduce a sí misma, eligiendo un comportamiento que desea adoptar. La constitución de la subjetividad, la identidad, no es sino obediencia a una misma. Por eso, tantos pensadores han insistido en la idea de que la imaginación y el deseo son fundamentales en la construcción de identidades, y que sin ellos no pueden entenderse los cambios políticos o los movimientos sociales. Se ha llegado a hablar de “política del deseo” para designar que la hegemonía cultural es en primer lugar lo que hay que conseguir, si se pretende un cambio importante en la sociedad, un cambio revolucionario.

Beatriz Gimeno establece dos aspectos fundamentales de una identidad fuerte, como es la de la maternidad intensiva: combinar ciencia y transgresión. Por un lado, la verdad científica tiene un poder enorme en la conducción de conductas, es quizá el instrumento más poderoso para lograr la obediencia voluntaria. Foucault nos advirtió del poder de sumisión de la verdad. Y Arendt señaló que, en el territorio de las ciencias humanas, no debe tener cabida la verdad científica a riesgo de que, de lo contrario, la libertad peligre. Antes de seguir quiero aclarar que ninguno de los dos se refieren a la verdad de los hechos sino a la verdad de las teorías explicativas. Es un hecho que el SIDA se transmite por la lactancia y sería negacionista quien dijera lo contrario, pero es una teoría establecer que los bebés criados con apego y lactancia prolongada gozan de mejor salud que los que lo han hecho con leches de fórmula (Gimeno expone pormenorizadamente que no hay pruebas conclusivas al respecto, por lo que no se puede establecer como un hecho). Sin embargo, cuando son médicos, pediatras, y organizaciones mundiales las que afirman determinadas teorías, las refuerzan con su autoridad, para presentarlas al público a través de sus escritos divulgativos como si se tratara de verdades fácticas.

La bondad de la lactancia materna se ha convertido, a partir de los años 80, en una verdad incuestionable, en una evidencia de esas que pasan al sentido común, se instalan y parecen eternas. Los embarazos se han medicalizado y la infancia también: ginecólogos, matronas, enfermeras y pediatras son unánimes al afirmar las virtudes de la leche materna. Además se han publicado infinidad de estudios que intentan demostrar la cantidad de enfermedades que se evitan los bebés amamantados por la madre (desde las gastroenteritis, hasta las dermatitis, los problemas respiratorios, diferentes tipos de cáncer, infecciones de oídos). Algunos llegan a sostener que los bebés con lactancia materna tienen un mayor coeficiente intelectual. La proliferación de estos escritos está autorizada por las posiciones de la OMS y UNICEF. He leído con escándalo una declaración de la OMS, del 2010, en la que se dice textualmente que aun cuando el virus del SIDA se transmite por el embarazo y la lactancia, la lactancia natural “es uno de los factores más decisivos para mejorar la supervivencia del niño”; o la de UNICEF en la que se concluye que “las madres que amamantan contribuyen a que el país tenga niños más sanos, inteligentes y seguros de sí mismos”.

Así pues, los estudios médicos, con rarísimas excepciones, las revistas divulgativas, las instrucciones de los pediatras, la publicidad de los hospitales, todo lleva a la conclusión de que “el pecho es mejor”. Es una norma universal sostenida por la OMS y UNICEF. Y sin embargo, la sorpresa es que las partidarias de una maternidad intensiva se ven a sí mismas como transgresoras. Se sitúan como teniendo que combatir contra una sociedad que no da cabida a la práctica de la maternidad intensiva. Se consideran a sí mismas, militantes, guerreras, opositoras, cuando la norma, la única norma es dar de mamar. No hay información ni en las redes, ni en los libros de divulgación, ni en los diversos estudios acerca de otra opción diferente. ¿Por qué entonces la maternidad intensiva se plantea como trasgresora? Gimeno responde que no es atractivo estar dentro de la norma, de manera que hay que presentarse como resistentes y opositoras, lo que además ayuda al sentimiento de formar parte de una comunidad, un sentimiento fundamental desde el punto de vista de la identidad.

A partir de estos dos pilares -ciencia y transgresión- se tejen los demás elementos de esta identidad: es más natural, y por tanto ecológica, empodera los cuerpos de las mujeres que han sido tradicionalmente el lugar de la dominación masculina, propone una percepción de una misma como un yo activo que fabrica y elige su propia vida. Es feminista, ecologista, transgresora y científica. ¿Quién da más?

En la práctica ofrece también la autoconciencia, una versión siglo XXI de la autoconciencia: los blogs sobre lactancia materna, lo que se ha llamado “mamasfera”. Es un hecho que las mujeres que han dado a luz se sienten solas y aisladas en los primeros tiempos de crianza. En algunos países existen redes públicas de apoyo: enfermeras que te visitan a casa diariamente y te ayudan a manejarte con el bebé, guarderías o casas nido en las que puedes dejar al bebé por unas horas. Pero son casos excepcionales. Lo normal es que te las tengas que apañar con tus medios, con tu familia, rara vez con tus amigas a menos que ellas también sean madres. Las dudas, los sufrimientos, el malestar que se te manifiesta cuando deberías estar feliz y contenta, todo eso que las feministas tomaron en cuenta para montar los grupos de autoconciencia en los que las mujeres dejaran de encontrarse aisladas, hoy lo suple la red. Ahora bien, la mamasfera sostiene la opción de la lactancia materna, no sirve para otras experiencias.

Podría pensarse que, en efecto, ha triunfado la identidad fuerte de la maternidad intensiva. Pero si bien ha triunfado en el terreno de la prescripción, las mujeres están muy lejos de seguir este modelo. Los resultados en cuanto a la práctica de la lactancia materna son mediocres (Gimeno pone de manifiesto un elemento clasista: la maternidad intensiva triunfa entre las mujeres que pueden permitírsela). ¿Por qué preocuparse entonces?

Por un lado, porque la batalla no ha terminado, puede que la maternidad intensiva al presentarse como ecológica y feminista, al tener todos los elementos de una identidad fuerte, todavía tenga mucho recorrido. Y ese recorrido va paralelo al dominio del neoliberalismo en las políticas sociales: todos los elementos de políticas públicas de sostenimiento de la reproducción quedan arrinconados desde el momento en que se hace de la maternidad una experiencia de relación entre la madre y el bebé, sostenida por las redes de apoyo de la mamasfera. Todo lo que la esfera política pueda aportar para hacer la vida de las madres más llevadera será contestado desde la importancia del desarrollo saludable del bebé. La maternidad intensiva hace recaer sobre los hombros de las mujeres todo el proceso de crianza: las hace protagonistas, ellas desean este protagonismo y cualquier medida que pudiera situarlas un poco al margen es denostada como patriarcal (a modo de ejemplo, las encendidas discusiones en red sobre los permisos intransferibles).

Pero si algo es feminista es no permitir que la experiencia de las mujeres quede muda porque se ha establecido que ciertas decisiones contrarias a la maternidad intensiva son propias de malas madres. Y ese es el resultado de la identidad de maternidad intensiva apoyada masivamente en las redes: las mujeres que fracasan en los estándares que se han propuesto para ser unas buenas madres acaban sufriendo y en ocasiones sin entender por qué sufren. La maternidad intensiva pone la identidad maternal en el centro de la identidad femenina, clasifica a las madres en buenas madres y malas madres, impide entenderse a una misma, si no aceptas el discurso de la lactancia. Este libro rompe una lanza a favor de las madres que no quieren seguir este modelo.

Las madres lo hacen lo mejor que pueden. Y lo tienen que hacer siendo lo más felices posible. Hay que apoyarlas a todas: a las que se adaptan a la lactancia y a las que quieren que la lactancia se adapte a ellas; a las que dan de mamar y a las que no; a las que dando de mamar se piensan como un destino y a las que hacen un uso más laico de la lactancia; a las que deciden sacrificarse por el bebé y a las entusiastas de su trabajo que quieren por encima de todo conciliar. A las que piensan también en sí mismas y a las que no.

Bibliografía

-Deleuze, Faucoult y el Poder. Editorial: Errata Naturae

-101 Filósofos que han marcado la historia. Editorial: Laberinto.

Para leer el mundo. Maternidad intensiva

“Té con Diálogo Filosófico y fechas”

10 de Octubre: ¿Podemos atender y escuchar en la sociedad del exhibicionismo?

14 de Noviembre: ¿Por qué anteponer el bien común a mi interés personal?

12 de Diciembre: ¿Es más valioso  ser  diferentes?

9 de Enero: ¿Tiene sentido el miedo a la muerte?

13 de Febrero: ¿Qué es la maldad?

12 de Marzo: ¿Es la lactancia materna un mandato?

16 de Abril: ¿Es posible presentir el futuro?

14 de Mayo: ¿Cómo saber qué es belleza?

11 de Junio: ¿Para qué cuidar el Planeta?

 

 

 

 

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Mi Bebeteca, cuentos a gatas: «Pequeña en la Jungla» http://huertosfilosoficos.com/2020/02/10/bebes-cuentos-beteca-pequenaenlajungla-filosofiaparaninos/ http://huertosfilosoficos.com/2020/02/10/bebes-cuentos-beteca-pequenaenlajungla-filosofiaparaninos/#respond Mon, 10 Feb 2020 09:26:32 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1302 Cuento: PEQUEÑA EN LA JUNGLA

Autor: Marta Maltés

Editorial: Blackie Books

Nuestro  plan de diálogo para construir pensamiento entre cuentos nos recuerda el valor de la prudencia en un mundo donde la visceralidad, la velocidad y la falta de autoestima es, como siempre lo ha sido, un seguro de vida para las personas. Si quieres asistir a nuestros talleres estamos en la Biblioteca Arroyo de la Miel cada mes. Nuestras actividades están fundamnetadas en el proyecto Filosofía Para Niños.

PLAN DE DIÁLOGO PARA MAMIS, PAPIS, ABUELOS, ABUELAS, TITAS, TITOS…  (ADULTOS)

-¿Es bueno el miedo? ¿Por qué?
-¿Por qué a veces nos sentimos pequeños y asustados en la vida?
-¿Cuándo la valentía se convierte en una imprudencia? ¿Por qué?
-¿Por qué la prudencia es un valor ético principal en la vida?
-¿Es un cobarde un valiente en realidad? ¿Por qué?
-¿Son los temerarios o lanzados valientes en realidad? ¿Por qué?
-¿Por qué sentir afecto y valoración por uno mismo “en la jungla” del cuento fue tan peligroso?

PLAN DE DIÁLOGO PARA Niñ@S. 6 meses a 4 años.
(Recuerda que las preguntas que verdaderamente nos  importan son las de los niños y niñas, pero en estas edades es  el adulto  el que abre y construye los diálogos en la mayoría de los casos…)

HABILIDADES DE TRADUCCIÓN Y CONCEPTUALIZACIÓN

(Se puede dialogar y preguntar» por qué» aunque los pequeños aún no sepan hablar porque los gestos expresan y porque nosotros podemos responder para ayudarles a adquirir los fundamentos del lenguaje oral poco a poco)

-¿Puedes contarme qué vemos en la portada de este  cuento? ¿Por qué?

-¿Qué ocurre en esta ilustración? ¿Por qué? (Cualquiera de las ilustraciones del cuento que le atraiga al niñ@).

-¿Cómo se mueven los monos?

-¿Qué sonido emiten los monitos?

HABILIDADES DE INVESTIGACIÓN Y RAZONAMIENTO

-¿Qué animal es “Pequeña”? ¿Por qué lo sabes?
-¿Dónde vive? ¿Por qué?
-¿Es la monita del cuento grande o pequeña? ¿Por qué?
-¿Qué otros animales pequeños aparecen en este cuento?
-¿Qué quiere hacer la monita llamada “Pequeña”? ¿Por qué?
¿Cómo lo hizo?
-¿Es peligroso andar solita por la jungla para una monita pequeña?¿Por qué?
-¿Qué le habría pasado si no se baja de la palmera rápido? ¿Por qué?

Nota: durante, después o en cualquier momento propicio del día  podemos  volver a retomar ese cuento que hemos sacado de la biblioteca para hacer metacognición (reflexión) invitando a pensar sobre lo  ocurrido, sentido… o sobre nuestros propios pensamientos y sentimientos en relación al cuento. Ejemplos: ¿te ha divertido el cuento, qué te ha asombrado o gustado especialmente…? Y a cada respuesta añadiremos de vuelta: ¿Por qué?

 

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Textos para: «¿Qué es la maldad?» http://huertosfilosoficos.com/2020/02/06/maldad-artedevida-filosofiaaplicada-etica-maldad/ http://huertosfilosoficos.com/2020/02/06/maldad-artedevida-filosofiaaplicada-etica-maldad/#respond Thu, 06 Feb 2020 20:26:36 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1286

Té con Diálogo Filosófico.

Fecha: 13-02-2020

Hora: 18:00

Biblioteca Manuel Altolaguirre – Benalmádena Pueblo

Texto 1. Las entrañas del mal

13 marzo, 2018

Schopenhauer decía que el mal tiene un punto de partida incontestable: nosotros mismos. Forma parte de nuestra naturaleza como lo hacen el amor, la violencia o el deseo. El alma humana es lo suficientemente grande como para albergar todos esos extremos. Ilustración: Pixabay.

Nos sobrecoge, nos conmueve, nos revuelve, nos asombra, nos asquea hasta la náusea, nos repugna, nos llena de rabia. Nos resulta imposible entenderlo. Pero existe. El mal es un fenómeno que siempre ha llamado la atención de la humanidad. ¿Qué han dicho sobre él los filósofos a lo largo de la historia? ¿Es consustancial al ser humano? ¿Qué lo provoca? ¿Debe la sociedad asumirlo de forma natural?

La maldad como parte de nuestra naturaleza

El ser humano siempre ha sentido una buena dosis de atracción por el mal. Ya sea por su condición de prohibido, o por la dificultad y el reto que supone explicar aquello que parece inexplicable, el mal siempre ha llamado la atención de la humanidad. Incluso nos ha llevado al interés casi morboso por sus casos más execrables. Como sociedad, llegamos a sentir cierta fascinación por los malvados. Mucho antes de que los medios de comunicación de masas repitieran mensajes, informes y datos por doquier, los hombres y mujeres que poblaban la Tierra se sentían llamados a investigar este fenómeno.

Algunos, como el alemán Arthur Schopenhauer, defendían que el mal tiene un punto de partida incontestable: nosotros mismos. El mal forma parte de nuestra naturaleza tal y como lo hacen el amor, la violencia o el deseo. El alma humana es lo suficientemente grande como para albergar todos esos extremos. “En el hombre está el abismo más profundo y, a la vez, el cielo más alto”, decía Schelling.

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios” Gilbert Keith Chesterton, (escritor británico)

No fue el único. Friedrich Nietzsche iba un paso más allá y ponía el origen del mal no sólo en el ser humano, sino en la propia naturaleza. El mal está en todas partes, en todas las especies. No se trata de una malformación, ni de algo circunstancial. El mal no es un accidente. Forma parte del todo y la prueba está en que, si uno observa la naturaleza, puede ver que hay maldad en todos los ámbitos, de la misma manera que hay bondad. De ahí que resulten ridículos nuestros intentos racionales de enfrentarnos al mal, disminuirlo o acabar con él. A la naturaleza no le importan nuestras normas morales y no se doblegará a ellas.

El mal y Dios

Otro aspecto que se ha repetido a lo largo de la historia ha sido el de la aparente incongruencia que se presenta entre la existencia del mal y los supuestos poderes de las divinidades. Epicuro, Hume, el Marqués de Sade y un largo etc. han analizado esta situación, de plena vigencia incluso en la actualidad.

La religión cristiana, mayoritaria en Occidente y pieza importante de nuestra sociedad, defiende la idea de que vivimos bajo el amparo de un Dios omnipotente y de infinita bondad. Sin embargo, ambas virtudes parecen fallar frente a la existencia del mal, pues de ser esto cierto, debería ser relativamente fácil hallar una solución, simplemente eliminando Dios el mal del mundo.

Por un lado, se nos abre la posibilidad de que, asumiendo que el mal existe, este lo hace porque Dios así lo permite; pero, siendo ese el caso, entonces no podríamos concluir que Dios es infinita bondad, porque de serlo no permitiría que ocurrieran las barbaridades que sufrimos y vivimos. Por otro lado, se nos plantea que la existencia del mal se deba a la incapacidad del Dios para impedir su existencia, de lo que hemos de concluir que, por lógica, carece del poder absoluto que la religión asocia a su ser.

¿Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?
Paradoja de Epicuro

El escritor John Milton, autor de El paraíso perdido, analizaba precisamente esta dicotomía, ofreciendo una causa: nuestro libre albedrío. El mal existe porque somos libres, porque Dios quiso que no fuéramos seres encadenados. Ese es el precio que pagamos por la facultad de elegir qué queremos hacer o ser. Similar postura sostienen varios autores en la actualidad, como el Rudiger Safranski: somos malvados precisamente como consecuencia directa de nuestra libertad.

Una visión que también observó en su día el filósofo inglés Thomas Hobbes, si bien, para él, dicha libertad no era un modo alguno algo bueno. La humanidad, en libertad, tiende a caer en el mal, el caos y el sufrimiento, generándose un estado de guerra de todos contra todos que únicamente puede ser combatido mediante un poder judicial restrictivo que siembre el temor al estado en el corazón de sus ciudadanos.

¿Fruto de la ignorancia? ¿Parte de la virtud?

No han sido las únicas aproximaciones al mal que hemos visto en la filosofía. Uno de los primeros en analizar este fenómeno fue Sócrates. Como se desprende de los Diálogos de Platón, el maestro griego atribuía el mal a la ignorancia. Es decir, que los humanos somos malvados por la sencilla razón de que no conocemos qué es el bien y cómo hemos de actuar para vivir conforme a él. El malvado no sería tal si tuviera verdadero conocimiento de su error. Si fuera consciente de que vivir éticamente es la mejor manera de vivir, la más feliz, no optaría por la maldad.

Aristóteles, en cambio, tenía como piedra angular de su ética la moderación. Para el filósofo macedonio, es en el justo medio entre dos diferentes extremos donde se haya la virtud, algo que, por otra parte, ha sido muy criticado por filósofos posteriores. Por ejemplo, aplicado al caso que nos ocupa: ¿hay virtud en una maldad moderada?

El concepto de justicia

Entendemos la justicia como el dar a cada uno lo que merece, decía Tomás de Aquino. Sin embargo, no resulta tan fácil como parece dicha afirmación. Especialmente en nuestra época, de pleno relativismo, se observan múltiples puntos de vista respecto a lo que es justo o no, especialmente en diferentes situaciones. No existe una norma ética unitaria. Para algunos la justicia es blanda, para otros es excesiva, y para todos, la interpretación varía dependiendo de la postura personal o grupal en que nos situemos.

“Quien no castiga el mal ordena que se haga” Leonardo Da Vinci

El pragmatismo –como movimiento filosófico– observaría todo este debate desde una posición muy concreta: la de los fines; si los hechos objetivos consecuencia de nuestras acciones resuelven o no el problema. La realidad, algo que a menudo parece olvidarse, es el sumo sacerdote de nuestras teorías e iniciativas. Si algo no da el resultado deseado, es preciso realizar cambios, de manera que nos acerquemos al fin que se busca. De lo contrario, caeremos en la definición que daba Albert Einstein de la locura: “Hacer lo mismo una y otra vez esperando diferente resultado”.

Así que la pregunta debería ser: ¿estamos logrando nuestro objetivo?

Fuente: https://www.filco.es/entranas-mal/

 

Texto 2. Fuerzas obscuras de la personalidad.

Martha Nussbaum

«Entonces, ¿Qué sabemos hasta ahora sobre las fuerzas de la personalidad que se oponen a la reciprocidad democrática y al respeto? En primer lugar, sabemos que la gente tiene un alto nivel de respeto a la autoridad: el psicólogo Stanley Milgram demostró que los sujetos experimentales estaban dispuestos a administrar un nivel muy doloroso y peligroso de descarga eléctrica a otra persona, siempre y cuando el científico de guardia les dijera que lo que estaban haciendo estaba bien – incluso cuando la otra persona estaba gritando de dolor (que, por supuesto, fue falsificado por el bien del experimento). [1] Solomon Asch, anteriormente, mostró que los sujetos experimentales están dispuestos a ir en contra de la clara evidencia de sus sentidos cuando todas las otras personas a su alrededor están haciendo juicios sensoriales que se encuentran fuera del objetivo: su investigación muy rigurosa y confirmada tantas veces muestra el servilismo inusual de los seres humanos normales frente a la presión de grupo. Tanto el trabajo de Milgram como el de Asch han sido usados de manera efectiva por Christopher Browning para iluminar el comportamiento de jóvenes alemanes en un batallón de policía que asesinó Judios durante la era nazi. [2] Tan grande fue la influencia tanto de la presión de grupo como de la autoridad en estos jóvenes, que muestra, que los que no lograban convencerse a sí mismos de disparar a los Judios se sentían avergonzados de su debilidad.

Pero otra investigación demuestra que la gente de apariencia normal está dispuesta a involucrarse en comportamientos que humillen y estigmaticen si su situación está configurada de una manera determinada, poniéndolos en un papel dominante y mostrándoles que los otros son sus inferiores. Un ejemplo particularmente escalofriante implica niños en edad escolar cuyos profesores les dan a entender que los niños con ojos azules son superiores a los niños con ojos oscuros. Sobreviene un comportamiento jerárquico y cruel. El profesor entonces da a entender que ha habido un error y que de hecho los niños de ojos oscuros son superiores y los de ojos azules inferiores. El comportamiento jerárquico y cruel simplemente se invierte: los niños de ojos marrones parecen no haber aprendido nada del dolor de la discriminación. [3] Quizás el experimento más famoso de este tipo es el de Philip Zimbardo en la prisión de Stanford, en el que se encontró que los sujetos a los que se les asignaron al azar los roles de guardia de la prisión y preso comenzaron a comportarse de manera diferente casi de inmediato. Los prisioneros se hicieron pasivos y depresivos, los guardias usaron su poder para humillar y estigmatizar. Creo que este experimento fue mal diseñado de numerosas maneras, y es por lo tanto menos concluyente: por ejemplo, Zimbardo dio instrucciones elaboradas a los guardias, diciéndoles que su objetivo debía ser inducir sentimientos de alienación y desesperación en los prisioneros. [4]

Otra investigación sobre la repulsión, acerca de la que he pensado escribir un libro sobre el papel de la repulsión en la desigualdad social, muestra que la gente está bastante incómoda con los signos de su propia animalidad y mortalidad: la repulsión es la emoción que vigila la frontera entre nosotros y otros animales. En casi todas las sociedades, no es suficiente mantenernos libres de contaminación por productos de desecho corporal que son en el lenguaje de los psicólogos, «recordatorios animales.» En cambio, las personas crean grupos subordinados de seres humanos que son identificados como repugnantes y contaminantes, diciendo que son sucios, malolientes, portadores de enfermedades y así sucesivamente. Se ha trabajado mucho en cómo figura esa actitud en el antisemitismo, el racismo, el sexismo y la homofobia.

¿Qué más sabemos? Sabemos que estas fuerzas cobran mucho más poder cuando la gente es anónima o no se reconoce un responsable. Las personas actúan mucho peor bajo el abrigo del anonimato, como partes de una masa sin rostro, que cuando están vigilados y deben rendir cuentas como individuos. (Cualquiera que haya violado el límite de velocidad, y luego ralentizado al ver un coche de policía en el espejo retrovisor, sabrá cuán generalizado es este fenómeno.) En segundo lugar, las personas se comportan mal cuando nadie levanta una voz crítica: los sujetos de Asch aceptaron el juicio erróneo cuando todas las otras personas a las que consideraban compañeros en el experimento (y que estaban realmente trabajando para el experimentador) coincidían en el error; pero si una sola persona decía algo diferente, se sentían libres para seguir su propia percepción y juicio. En tercer lugar, la gente se comporta mal cuando los seres humanos sobre los que tienen poder están deshumanizados y des-individualizados. En una amplia gama de situaciones, la gente se comporta mucho peor cuando el «otro» se representa como un animal, o sólo como portador de un número en lugar de un nombre. Al pensar en cómo podríamos ayudar a los individuos y a las sociedades a ganar el choque interno de civilizaciones en cada persona, haríamos bien en pensar cómo utilizar estas tendencias para nuestro beneficio.

La otra cara del choque interno es la capacidad creciente de los niños de ser compasivos, de ver a otra persona como un fin y no como un simple medio. Como lo ha demostrado el psicólogo Paul Bloom, niños de tan sólo un año de edad tienen la capacidad de tomar la perspectiva de otra persona – pero en un primer momento esta capacidad se utiliza para controlar los movimientos de los demás, especialmente de los padres. Sin embargo a medida que pasa el tiempo, si todo va bien, los niños sienten gratitud y amor hacia seres distintos que apoyan sus necesidades, y por lo tanto llegan a sentir culpa por su propia agresión y verdadera preocupación por el bienestar de la otra persona. A medida que la preocupación se desarrolla, conduce a un deseo cada vez mayor de controlar la propia agresión: el niño reconoce que sus padres no son sus esclavos, sino seres independientes con derecho a sus propias vidas. Estos reconocimientos son típicamente inestables, ya que la vida humana es un asunto incierto y todos sentimos ansiedades que nos llevan a querer más control, incluyendo el control sobre otras personas. Aquí es donde la educación es crucial: una buena educación puede llevar a los jóvenes a sentir genuina compasión por las necesidades de los demás, y puede conducir a verlos como personas con derechos iguales a los suyos».

Fuente: https://www.parqueexplora.org/aprende/actualidad/discurso-de-martha-nussbaum

 

“Té con Diálogo Filosófico y fechas”

10 de Octubre: ¿Podemos atender y escuchar en la sociedad del exhibicionismo?

14 de Noviembre: ¿Por qué anteponer el bien común a mi interés personal?

12 de Diciembre: ¿Es más valioso  ser  diferentes?

9 de Enero: ¿Tiene sentido el miedo a la muerte?

13 de Febrero: ¿Qué es la maldad?

12 de Marzo: ¿Es la lactancia materna un mandato?

16 de Abril: ¿Es posible presentir el futuro?

14 de Mayo: ¿Cómo saber qué es belleza?

11 de Junio: ¿Para qué cuidar el Planeta?

 

 

 

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Bebeteca, cuentos a gatas. «Adivina cuánto te quiero» http://huertosfilosoficos.com/2020/01/14/bebesyfilosofia-cuentosparabebes-filosofiaparaninos/ http://huertosfilosoficos.com/2020/01/14/bebesyfilosofia-cuentosparabebes-filosofiaparaninos/#respond Tue, 14 Jan 2020 15:19:05 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1279 Cuento: ADIVINA CUÁNTO TE QUIERO

Autor: Sam MacBratney y Anita Jeram

Editorial: Kókinos

Después de las fiestas navideñas se entrega un cuento sobre el vínculo familiar y  un plan de diálogo para construir pensamiento sin darnos cuenta. Dialogar y pensar mejor gracias a un recurso tan bello como un cuento es fácil y divertido gracias a  el proyecto educativo «Filosofía para Niñ@s». Recuerda que si quieres asistir a nuestros talleres estamos en la Biblioteca Arroyo de la Miel. Si quiere realizar un evento especial en tu colegio, negocio infantil o de cumpleaños con nuestra actividad, por favor,  contacta por privado.

PLAN DE DIÁLOGO PARA MAMIS, PAPIS, ABUELOS, ABUELAS, TITAS, TITOS…  (ADULTOS)

¿Por qué legar una actitud de amor compasivo  por los demás a tu hijo e hija?

¿Podemos enseñar a quererse a sí mismos  a nuestros hijos e hijas?¿Por qué?

¿Deberíamos aprender, desde pequeños, a comprender y aceptar nuestra  propia imperfección y la de los demás? ¿Por qué?

¿Es posible que si no se expresa el amor o cariño puede desaparecer? ¿Por qué?

¿El amor propio y la autoestima tienen algo que ver uno con el otro? ¿Por qué?

¿Los límites  y el  amor guardan alguna relación? ¿Por qué?

¿Podrías amar o sentir amor compasivo por cada ser humano del mundo? ¿Por qué?

¿Cómo se siente quien vive eternamente juzgándose y juzgabdo a los demás? ¿Por qué?

 

PLAN DE DIÁLOGO PARA Niñ@S. 6 meses a 4 años.
(Recuerda que las preguntas que verdaderamente nos  importan son las de los niños y niñas, pero en estas edades es  el adulto  el que abre y construye los diálogos)

HABILIDADES DE TRADUCCIÓN Y CONCEPTUALIZACIÓN

¿Puedes describir qué vemos en la portada del cuento? ¿Por qué?

(Se puede preguntar» por qué» aunque los pequeños aún no sepan hablar porque los gestos expresan y porque nosotros podemos responder para ayudarles a adquirir los fundamentos del lenguaje oral poco a poco)

¿Qué ocurre en esta ilustración? ¿Por qué?

HABILIDADES DE INVESTIGACIÓN Y RAZONAMIENTO

¿Por qué se acerca a las orejas tanto la pequeña liebre?

¿Cuál es más alta? ¿Por qué?

¿Para qué están saltando? ¿Por qué?

¿Qué otros animales  pueden dar saltos? ¿Por qué?

¿Qué está más lejos de nosotros: el cuento, el árbol o la puerta? ¿Por qué?

¿Cómo le dices a mamá, papá, tita, tito,, etc… que la quieres? ¿Por qué?

HABILIDADES DE PERCEPCIÓN

¿De qué color sería el amor si lo pudiésemos ver? ¿Por qué?

¿A qué sabría? ¿Por qué?

Nota: durante, después o en cualquier momento propicio del día  podemos  volver a retomar ese cuento que hemos sacado de la biblioteca para hacer metacognición (reflexión) invitando a pensar sobre lo  ocurrido, sentido… o sobre nuestros propios pensamientos y sentimientos sobre el cuento. Ejemplos: ¿te ha divertido el cuento, qué te ha asombrado o gustado especialmente…? Y a cada respuesta añadiremos de vuelta: ¿Por qué?

 

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Textos: ¿Tiene sentido el miedo a la muerte? http://huertosfilosoficos.com/2020/01/05/pensamiento-filosofia-etica-muerte/ http://huertosfilosoficos.com/2020/01/05/pensamiento-filosofia-etica-muerte/#respond Sun, 05 Jan 2020 20:39:28 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1265 Té con Diálogo Filosófico.

Fecha: 9-01-2020

Hora: 18:00

Biblioteca Manuel Altolaguirre – Benalmádena Pueblo

 

Texto 1. La inmortalidad implicaría la desaparición del yo, y solo un yo puede tener experiencias.

ANTONIO DIÉGUEZ / CATEDRÁTICO DE LÓGICA Y FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

Entrevista: Roberto Valencia

Revista Contexto

7 de Enero de 2018

Los hombres mueren: estas tres simples palabras encierran la gran tragedia privada y pública de nuestra especie. Somos artefactos biológicos construidos para no perdurar, para permanecer en activo unos pocos años antes de nuestra desintegración final. Esta verdad, tan difícil de aceptar por la conciencia, supone una condena y un reto. ¿De qué modo puede asumirse? ¿Se puede hacer algo al respecto? Desde hace unos años, una corriente tecno-científica llamada transhumanismo centra sus esfuerzos en investigación en rebatir el dominio de la muerte. Tanto es así que algunos de sus representantes han prometido que la inmortalidad está a la vuelta de unos pocos años. El catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga, Antonio Diéguez, ha estudiado esta promesa en su libro Transhumanismo (Herder, 2017), desmantelando parte de las promesas transhumanistas y ofreciendo un importante caudal de pensamiento crítico al respecto. En la siguiente entrevista partimos de sus conclusiones para reflexionar sobre la utopía de la inmortalidad y su reverso más realista.

Has estudiado a fondo el transhumanismo, el movimiento tecno-cultural que ha prometido, entre otras cosas, “vencer a la muerte”. Es obvio que el deseo de inmortalidad ha acompañado al ser humano desde el inicio de la vida racional, pero la promesa de los científicos transhumanistas vuelve a agitar nuestros anhelos más recónditos. Mi primera pregunta es: ¿estamos moral y filosóficamente preparados para ser inmortales?

La inmortalidad en sentido literal, es decir, entendida como la imposibilidad de morir estando ya vivo, es una noción que solo vale para la ciencia ficción.

No estamos ni moral ni filosóficamente preparados para la inmortalidad porque es imposible estarlo. La inmortalidad es algo estrictamente inconcebible, aunque podamos designarla con un término que aparenta tener un significado bien determinado. No es algo que podamos incluir en una unidad, y por ello el concepto nos engaña haciéndonos pensar que se refiere a algo definido con precisión. Para empezar, no está nada claro quién (o qué) sería el sujeto de dicha inmortalidad. Incluso cuando el creyente cristiano piensa en la inmortalidad del alma, o del alma junto al cuerpo glorioso tras la resurrección de los muertos, es decir, cuando piensa en una “vida” en el más allá, solo es capaz de imaginar la repetición indefinida de sus actos (en este caso, la contemplación de la divinidad), o, si se quiere, en una sucesión interminable de episodios, pero eso no abarcaría más que un pequeño trozo de esa inmortalidad: aquel en el que el sujeto aún seguiría siendo algo parecido a lo que fue en un primer momento. Además, esa forma de verlo asume que la inmortalidad se daría en un tiempo sin fin, pero hay quien considera que es más acertado entenderla como una existencia fuera del tiempo, lo cual la hace aún más inconcebible. La inmortalidad en sentido literal, es decir, entendida como la imposibilidad de morir estando ya vivo, es una noción que solo vale para la ciencia ficción. Hay organismos, como la hidra, con una vida de duración indefinida, pero ni siquiera eso puede ser considerado como inmortalidad. En ese sentido, la muerte nos es de lo más natural; si bien la nuestra propia siempre se nos antoja como innatural, tan innatural como solo puede ser la nada.

Si la promesa de la inmortalidad es inconcebible, ¿de qué modo se sitúa la ciencia médica respecto a esta imposibilidad? 

La investigación biomédica no trata de proporcionarnos la inmortalidad, ni siquiera como ideal. Bastante tiene con mantener la salud de los sanos y curar de sus dolencias a los enfermos. La muerte es otra cosa, que le pasa, por cierto, tanto a los enfermos como a los sanos cuando llegan a viejos. Uno se puede morir sanísimo. De hecho, a eso es a lo que yo aspiraría, a morir muy tarde y muy sano, y creo que es una aspiración más sensata que la de la inmortalidad. Para conseguir satisfacerla, la ayuda de la investigación biomédica es fundamental. El envejecimiento, por otro lado, no es una enfermedad. Sobre esto se ha discutido mucho, pero parece haber un cierto consenso al respecto. La pretensión de considerar el envejecimiento como una enfermedad curable, o al menos, como una enfermedad que podemos prevenir indefinidamente, no solo encierra supuestos teóricos discutibles, sino que viene empujada a menudo por intereses poco científicos. Si se aceptara alguna vez que el envejecimiento es una enfermedad, los sistemas de seguridad social de aquellos países que los tuvieran se verían presionados para pagar los medicamentos anti-envejecimiento, que hoy se venden a precio de oro en muchos casos, sin que su eficacia esté probada.

¿Y qué hay del dolor? Es una pregunta muchas veces realizada, pero me gustaría saber tu opinión: ¿qué papel juega el dolor en nuestras vidas?

Es una cuestión muy diferente. El dolor no propicia la muerte, sino todo lo contrario. Su función biológica es la de evitar la muerte al avisarnos de situaciones peligrosas para el organismo y motivarnos para eludirlas. El dolor es algo enormemente útil. Los vertebrados (aunque en el caso de los peces esto es aún controvertido), y posiblemente algunos invertebrados con un sistema nervioso complejo, como los cefalópodos, y en especial el pulpo, sienten dolor ante cualquier estímulo interior o exterior que pone en peligro sus vidas (aunque haya también disfunciones en este mecanismo, como dolores ficticios en miembros amputados, dolores ante estímulos no nocivos, o dolores inespecíficos). Para experimentar dolor no hace falta un alto grado de consciencia. Hay indicios de que los peces sienten dolor, y sin embargo el grado de consciencia que les suponemos es muy pequeño. Sin el dolor, ningún vertebrado sobreviviría mucho tiempo. Acabaría desangrado, infectado, amputado, quemado, congelado o aniquilado por los parásitos. El dolor indica un daño en los tejidos que debe ser atendido por el organismo, retirándose del estímulo en ese momento o poniendo remedio al daño si es que sabe y tiene la capacidad de hacerlo. Sobre todo, su función es hacer que el organismo evite en el futuro nuevos daños. El organismo aprende rápidamente cuál fue la causa de su dolor y procura no repetir la experiencia.

Imaginar la inmortalidad es algo que solo unos pocos privilegiados han podido hacer (Borges, Simone de Beauvoir). Incluso los científicos transhumanistas parecen no poder hacerlo. ¿No es un contrasentido?

No creas. Los transhumanistas le echan mucha imaginación al asunto. Otra cosa es que la inmortalidad que imaginan pueda ser tomada siempre en serio. En algunos casos se parece a una perpetua Disneylandia; en otros, tiene unos tintes místicos de unión espiritual con otras mentes o con el cosmos que recuerdan más a una religión que a otra cosa. No es extraño que hayan empezado a surgir orientaciones religiosas dentro del transhumanismo. En realidad, sobre este asunto hay muy pocas imágenes nuevas que puedan añadirse a las que ya nos han proporcionado las tradiciones religiosas con sus diferentes escatologías. Los transhumanistas, pese a su esfuerzo imaginativo, no van mucho más allá de introducir abundante tecnología allí donde antiguamente se imaginaban huríes, banquetes interminables, paraísos en la tierra, o comunión espiritual de los santos.

¿Revela esta incapacidad de imaginar la inmortalidad nuestro origen animal? ¿Lo azaroso de la razón humana?

Muy posiblemente, aunque la razón humana ha podido despegarse imaginativamente en múltiples ocasiones de lo que podría esperarse por su origen animal. Ha podido imaginar números transfinitos, que, puestos a imaginar científicamente, es lo más parecido que encuentro a la inmortalidad.

Si la ciencia lograra vencer a la muerte, ¿constituiría la inmortalidad un horizonte deseable en términos sociales, políticos y ecológicos?

La ciencia nunca logrará vencer a la muerte, al menos si hacemos caso del segundo principio de la termodinámica.

La ciencia nunca logrará vencer a la muerte, al menos si hacemos caso del segundo principio de la termodinámica. Todo tendrá un final. Lo que sí se conseguirá posiblemente es alargar la vida de los seres humanos de una forma muy significativa, quizás hasta los 122, la edad máxima que alguien ha podido vivir hasta ahora, quizás bastante más. Habrá que verlo. Será muy difícil, pero no parece que sea imposible. La ballena boreal, un mamífero como nosotros, puede vivir más de 200 años. Obviamente, una perspectiva de extensión semejante en la esperanza de vida de los seres humanos, sin cambios radicales en nuestra tecnología y nuestro sistema económico, sería catastrófica. Habría que ralentizar o detener por completo el número de nacimientos si no queremos que la superpoblación acabe con cualquier posibilidad de subsistencia, y eso tendría repercusiones sociales enormes. Significaría que unas pocas generaciones, dos o tres, habrían decidido convertirse en los ocupantes permanentes de este planeta, en sus dueños definitivos. Quizás pueda pensarse que no hay motivo para lamentar que generaciones aún no nacidas no tengan ninguna oportunidad de venir a la existencia. Después de todo, si no existen, no pueden sufrir ningún daño ni ninguna injusticia. Pero no está claro que el ser humano no necesite de las nuevas generaciones para no estancarse como especie cultural e histórica. Podríamos tener un cuerpo permanentemente joven y aun así nuestra mente envejecería hasta dejar de tener ideas arriesgadas y verdaderamente novedosas; hasta dejar de ambicionar cambios sociales y políticos sustanciales. La perspectiva de un planeta convertido en multitudes de jóvenes con mente de jubilados no parece muy halagüeña. Para mantener el impulso histórico y vital, no bastaría con cuerpos inmortales, habría que potenciar también la mente. Y, sin embargo, incluso una mente mejorada estaría sometida al envejecimiento, por el mero hecho de ser una mente experimentada.

Déjame que retome la utopía por un momento. Si se lograra consiguiera la inmortalidad, ¿sería un logro democrático (al alcance de todos) o aristocrático?

Casi cualquier tecnología novedosa ha estado en sus comienzos al alcance de muy pocos. Solo de aquellos que podían permitírsela en esas fases iniciales, en las que su precio suele ser muy alto. La esperanza de los transhumanistas es que, al igual que ha sucedido en otras ocasiones, a medida que la tecnología se desarrolle y expanda, sus precios bajarían y estarían a disposición de casi todos, y para los pocos excluidos siempre quedaría el recurso a las políticas públicas de redistribución y seguridad social. El problema es que, si el tiempo que se tarda en procurar un acceso igualitario a dichas tecnología de mejora es lo suficientemente largo, las desigualdades económicas iniciales habrán quedado ya cristalizadas sin remedio en desigualdades aún mayores de tipo genético. Los ricos serán genéticamente diferentes de los pobres, y una brecha así sería insalvable, porque minaría cualquier atisbo de solidaridad humana. Téngase en cuenta que llevar la delantera en este asunto puede implicar pertenecer ya a otra especie biológica.

Este nuevo impulso del transhumanismo por vencer la muerte y por lograr un mejoramiento radical del ser humano, ¿revela el fracaso de las religiones, de la filosofía o de la cultura?

Más bien revela la persistencia de las esperanzas de trascendencia que las religiones y ciertas filosofías han querido siempre alimentar. O quizás revela que estamos programados para desear la persistencia en el ser, por miserable que sea nuestra vida. Desde un punto de vista evolutivo, somos máquinas de pervivencia. Por eso la búsqueda de la mejora humana por medios tecnológicos ha estado presente en nuestra especie desde sus orígenes mismos, como ya señaló Ortega. La tecnología es el modo en el que el ser humano ha conseguido pervivir en este planeta, y lo hace transformando el planeta entero en un entorno artificial apropiado. Es ahora cuando notamos con claridad los efectos de estar en una nueva era, el Antropoceno. Pero el ser humano comenzó a generarla desde el primer instante de su existencia. Los seres humanos han vivido siempre en una naturaleza 2.0. La naturaleza como tal, la originaria, la prehumana, nos es bastante ajena, y quizás por eso soñamos que podemos prescindir de ella y no percibimos con la contundencia debida la amenaza de su destrucción previsible. Creemos ingenuamente que cuando las cosas empiecen a ir mal aquí, nos mudaremos a Marte o a otros planetas fuera del Sistema Solar. Creemos que esta naturaleza es como la piel mudable de una serpiente: nos procuraremos otra cuando se nos agote. Esta mentalidad no encierra un fracaso de las religiones ni de la cultura, sino que ella misma es una manifestación de ese sentido de trascendencia sobre lo natural que las religiones y la cultura tradicional han sostenido. Solo en las últimas décadas hemos empezado a comprender sus límites. Ortega, de nuevo, lo vio con claridad: somos centauros ontológicos, en parte naturales y en parte extranaturales. La naturaleza no es nuestro lugar, pero tampoco podemos prescindir de ella, al menos mientras sigamos siendo humanos. No podemos renunciar a nuestra voluntad de autocreación, pero tampoco podemos desembarazarnos de nuestro pasado, de los proyectos vitales que hemos sabido que fueron exitosos y fructíferos, y que en el fondo buscamos recrear.

El problema es que estamos concibiendo y ejecutando bastante mal nuestra voluntad de autocreación. Parecemos una especie empeñada en desarrollar nuestro potencial de autodestrucción (guerras, amenaza nuclear, desastre ecológico…). No creo demasiado en los determinismos, pero ¿no parece que esa supuesta libertad de autocreación sigue un guion de destrucción del que no podemos escaparnos?

Pues me temo que tienes razón, que eso es lo que parece. Pero como yo no creo tampoco en el determinismo tecnológico, ni en el histórico o social, no puedo aceptar que no haya escapatoria posible. Como dice Jorge Riechmann, un admirado colega filósofo y poeta al que leo y escucho siempre con gran atención, estamos en el siglo de la Gran Prueba. Nos vamos a jugar nuestro futuro como especie en los próximos años. Todavía no está decidido que el final sea el desastre, pero lo que sí parece muy claro es que para evitarlo nuestro modo de vida tiene que experimentar cambios radicales, más profundos de lo que habitualmente se supone. No basta con reciclar los plásticos y pasarse al coche eléctrico. Todo el sistema económico debe transformarse. La cuestión es si estaremos dispuestos a hacer dichos cambios cuando le veamos de verdad las orejas al lobo, y si no será para entonces demasiado tarde. Hay quienes confían en que la tecnología venga una vez más a salvarnos, pero yo no apostaría solo a esa carta. Es más, apostar solo a esa carta es parte del problema. Es uno de los reproches principales que cabría hacerle al transhumanismo. Su tecnoutopía no solo incluye mejores tecnologías –máquinas superinteligentes entre ellas– que supuestamente paliarán e incluso revertirán la depredación que hemos practicado sobre nuestro planeta, sino que promueve la aplicación directa de las biotecnologías al ser humano para limitar el deterioro causado o para adaptarnos a él. Así, se nos dice que podríamos intentar la mejora moral del ser humano mediante manipulación genética, de modo que un aumento en la empatía conduzca a una disponibilidad mayor para aceptar sacrificios en nuestro bienestar en favor del bien común; e incluso se nos sugiere la posibilidad de rediseñar genéticamente a los seres humanos para que consuman menos recursos y soporten mejor un clima más cálido o una mayor presencia de toxinas en el medio ambiente.

Heidegger definió el hombre como el ser-para-la-muerte. ¿Cómo sería el ser-para-no-la-muerte? A tu juicio, ¿acertaron Borges y Simone de Beauvoir en sus textos literarios?

Borges describe muy bien el inimaginable tedio de la inmortalidad. Esta ha sido, por otra parte, la acusación más repetida contra la idea misma de inmortalidad, aunque la réplica que se ha dado no es menos atendible: más tedioso es estar muerto. No estoy muy seguro de que nos enseñe mucho caracterizar al ser humano como un ser-para-la-muerte, pero sí parece que sin la consciencia de la muerte, nuestras acciones, nuestro proyecto de vida, nuestras relaciones con los demás, nuestro apego por ciertos lugares o ciertas cosas, se verían seriamente trastornados. Como dice Borges en “El inmortal”: “Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso”. Sin la consciencia de la muerte nada podría ser visto como único, como especial. Todo acontecería bajo la perspectiva de una posible repetición.

Escribe Hannah Arendt “los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso, sino para comenzar”. ¿Significa esto que la aceptación de la muerte es una empresa imposible para la razón o para el espíritu?

Yo lo interpretaría más bien en el sentido de una crítica o corrección a su maestro Heidegger. Habría que ver el contexto, pero supongo que lo que quiere decir es que el ser humano no es un ser-para-la-muerte, sino alguien volcado siempre a la esperanza de un nuevo comienzo, aunque sepamos que la muerte acabará finalmente con cualquier proyecto o empresa que iniciemos. La muerte de los demás la aceptamos como normal, incluso la de los seres queridos, al menos con el tiempo. La muerte propia es siempre una posibilidad que sabemos que algún día se hará real, pero la contemplamos como si fuera a ocurrirle a un yo futuro que aún no somos, y en ese sentido la aceptamos solo a medias.

La muerte supone tanto un límite de la experiencia como un límite de la vida. Respecto a lo primero, ¿es cierto que la cancelación de la muerte supondría la cancelación de los límites de la experiencia?

La inmortalidad implicaría la desaparición del yo, y solo un yo puede tener experiencias. La cancelación de la muerte no sería una cancelación de los límites de la experiencia, sino una cancelación de toda experiencia, esto es, de toda experiencia significativa sentida por un yo. Borges coincide en ello cuando escribe que la inmortalidad sería para cualquier persona una forma de “dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes”.

¿La muerte supone un garante de que la vida puede tener un sentido?

Creo que la respuesta queda implícita en lo ya dicho. Una vida de duración indefinida deja en algún momento de tener el sentido de una vida coherente y unificada. Se convierte en una sucesión de vidas, o mejor, de episodios vitales deslavazados y sin una narrativa que los unifique. Llegaría un momento en que cualquiera que viviera sin fin en el sentido temporal viviría también sin fin en el sentido teleológico, a no ser el de la mera pervivencia. Podría cambiar de fines, quizás tantas veces como quisiera, pero cuanto más lo hiciera, más dificultades tendría en poder articular toda esa concatenación de proyectos renovados como una senda recorrida por el mismo sujeto que la inició. Obviamente, todo esto no son más que suposiciones. Habrá que esperar a que podamos conversar con un inmortal para confirmarlo.

Volviendo al transhumanismo, los avances de sus científicos tratan, sobre todo de intervenir sobre el cuerpo como cuerpo, y cuando trasladan sus objetivos a la mente, es para tratar de idear mecanismos de control de las conciencias y de las conductas. ¿Revela esto alguna perversión totalitaria de los científicos?

Son pocos los científicos que se adhieren sin ambages al transhumanismo, aunque hay que admitir que algunos de los que lo hacen muestran una verdadera falta de sensibilidad por el sufrimiento que sus ideas podrían causar, y que su confianza absoluta en que el camino a seguir es el que ellos trazan pone de evidencia que atienden muy poco a los deseos y a la voluntad de los demás. Sólo así puede entenderse, por ejemplo, que haya quien reclame la resurrección de un neandertal mediante la biotecnología. Yo no diría que hay entre los transhumanistas, sean científicos o no, un afán especial por controlar la mente de las personas, sino que más bien lo que parecen manifestar es una confianza excesiva en que el uso completamente libre de la tecnología conducirá necesariamente a consecuencias beneficiosas para todos. Más que síntomas de totalitarismo, lo que muestran es una visión de la sociedad y del papel de la ciencia y la tecnología cercana, por no decir bastante coincidente, con la que preconiza el neoliberalismo. Pero en el movimiento transhumanista hay de todo, y también hay socialistas.

Al respecto de esto, tengo que preguntarte si la filosofía, el arte o la cultura saben algo sobre la vida que la ciencia no sabe. La ciencia, en su empeño técnico de dominar el medio natural, obvia este tipo de consideraciones sobre la imposibilidad de la inmortalidad o el hecho de que ésta pueda no ser algo aconsejable. Te pido disculpas por una pregunta tan general. Pero, ¿está la ciencia ensimismada? ¿Debería dejarse influir más de lo que lo hace por el arte o el pensamiento?

Claro que la filosofía y el arte saben cosas que la ciencia no sabe. Pretender lo contrario delataría un cientifismo poco justificable, aunque algunos, como Stephen Hawking, estén empeñados en defenderlo desde su autoridad como científicos, y desde sus escasos conocimientos filosóficos, todo hay que decirlo. Pero ciertamente no se puede generalizar esta posición. Un prestigioso científico español, catedrático de Genética en la Universidad de Valencia, que también es filósofo, Andrés Moya, distingue en algunas de sus publicaciones entre la ciencia fáustica y la ciencia prometeica. Creo que es una distinción bastante iluminadora para entender lo que está sucediendo, e incluso una buena propuesta para hacer mejor ciencia, o una ciencia más humana, como habría dicho Feyerabend. La ciencia fáustica toma su nombre del personaje de Goethe. Recordemos que Fausto, revirtiendo el comienzo del evangelio de San Juan, afirma: “en el principio era la acción”. Para la ciencia fáustica lo principal no es “la palabra”, el “logos” –la comprensión o el entendimiento, vale decir–, sino la transformación, la manipulación de la realidad, el afán de dominio, como bien señalas. La ciencia prometeica, en cambio, estaría interesada antes en la comprensión que en la acción. Se preocupa de no actuar a ciegas o con información insuficiente. La acción solo puede venir tras un profundo conocimiento de los “porqués” y los “para qué”, es decir, de los fundamentos teóricos, de las consecuencias previsibles y de los fines a los que debe ir dirigida. Podría decirse que la ciencia prometeica muestra que otra ciencia (diferente a la fáustica) es posible. Ya sé que afirmar esto no va a cambiar nada, y que la tecnociencia sigue su marcha, pero si lo decimos y lo creemos cada vez más personas, quizás en el futuro sí pueda cambiar algo en el modo de hacer ciencia. Al fin y al cabo, la ciencia es un elemento de nuestra cultura y, como tal, puede ser influido por otros, como ha sucedido a lo largo de la historia, por mucho que hoy la influencia vaya sobre todo en el otro sentido: de la ciencia al resto de la cultura.

¿Qué crees que pensaría un transhumanista que leyera esto que has dicho un poco antes de que la ciencia nunca logrará vencer a la muerte?

Depende de lo radical que fuera en sus convicciones. Los más moderados no estarían muy lejos de lo que digo. Los más radicales pensarían que me equivoco y que soy demasiado escéptico con respecto a las posibilidades que nos abren las nuevas tecnologías.

Desde tu posición de filósofo, ¿cómo afrontas el destino nada ficticio de la muerte?

Ante todo quejándome poco de que ese sea mi destino, como el de todos, y pensando menos aún en él. Eso del memento mori no va conmigo. Ya que estamos aquí sin que nadie nos haya preguntado, lo mejor es llevar con dignidad este hecho, disfrutar de la vida lo que se pueda, preferiblemente de las cosas más sencillas, que suelen ser las más agradables de frecuentar, buscar la compañía de los seres queridos y tratar de dejar un grato recuerdo en aquellas personas que lo conservarán durante unos años. Esa existencia extra proporcionada por la persistencia de nuestro recuerdo también es llamada “inmortalidad”, sobre todo cuando dura muchas generaciones. Aspirar a ella no está mal, pero desde luego no sirve para compensar una vida desperdiciada.

Has expresado varias veces que la mortalidad es nuestro destino más probable. De acuerdo con esto, ¿qué concibes a modo de esperanza?

La muerte no es nuestro destino más probable, sino que es nuestro destino inevitable. La esperanza la dejo para cosas concretas en la vida cotidiana.

La muerte no es nuestro destino más probable, sino que es nuestro destino inevitable. La esperanza la dejo para cosas concretas en la vida cotidiana. Ayuda a hacerla más llevadera. Tengo esperanza en que España consiga resolver problemas que viene arrastrando desde hace siglos, porque he visto cómo ha conseguido hacerlo con algunos de ellos. Tengo esperanza en que consigamos erradicar la guerra y la pobreza, como las mises de los concursos de belleza, porque es factible y porque hemos hecho progresos significativos hacia ese fin en las últimas décadas. Tengo esperanza en que a mis hijas les vaya bien en la vida. Todo esto es realista, alcanzable, y pensar en ello me facilita la existencia, así que es ahí donde pongo mis esperanzas. Por supuesto que me gustaría tener esperanzas más trascendentes. Me gustaría que la muerte no fuera un final, pero dicho esto, ya no sabría cómo terminar la frase.

¿Crees que tener conocimientos sobre ciencia y filosofía ayuda a aceptar el aciago destino o nos nubla la vista con un horizonte trágico nada beneficioso para el ánimo?

En muchas ocasiones sí, pero creo que en este asunto ayuda más la filosofía que la ciencia. La ciencia puede mostrarte la maravilla y majestuosidad del universo, la belleza de su orden, la complejidad de su urdimbre, la sutileza de sus detalles, y ello suscita una sensación estimulante de comprensión y de reconciliación con la naturaleza, pero finalmente el mensaje que deja es desolador: todo esto es indiferente a tus cuitas y a las del resto de tus congéneres. La filosofía, en cambio, ha buscado siempre algún consuelo a esa indiferencia cósmica. Supongo que de ahí viene la expresión “tomarse las cosas con filosofía”. Pero en la filosofía encuentras de todo. Encuentras filósofos del consuelo, como Epicuro o Marco Aurelio, y encuentras filósofos del naufragio, como Schopenhauer o Cioran. Lo que ocurre es que incluso estos últimos pueden ser también una fuente de consuelo si se los interpreta de la forma apropiada. Por lo menos, proporcionan una sacudida que vale para salir del atolladero.

Si la muerte fuera una entidad con la que se pudiera uno comunicar, ¿qué le dirías?, ¿qué le preguntarías?, ¿qué le pedirías?

Es una pregunta interesante. Nunca me había puesto a mí mismo en esta situación trágica del caballero y la muerte. Decirle yo o preguntarle a ella, creo que nada. No me apetecería entrar en conversación con quien viene a quitármelo todo, a aniquilarme literalmente. No iba a darle encima el gusto de una buena conversación, a lo Bergman. Me conformo con que no me haga danzar; mejor acabar rápido. Sí le pediría una cosa, la que casi todos le pediríamos: ¿por qué no vuelves más tarde?

Texto 2. Lecciones para la última etapa de la vida.

Aurelio Arteta

«Tener presente la muerte es la mejor forma de tomar en serio nuestra existencia»

A quienes ya somos viejos, y aún no hemos perdido del todo la cabeza ni las ilusiones, nos toca pensar a fondo la vejez. Eso significa no quedarnos en sus estereotipos o engañifas habituales, como tampoco en los parciales enfoques sociológicos, económicos o de autoayuda acostumbrados. Más todavía, tras examinar los rasgos de esta edad postrera, habremos de atrevernos a mirar de frente a lo que inmediata y definitivamente la sigue: la muerte. ¿Acaso no le tengo miedo? Imagino que como cualquiera. Pero uno supone que, antes de ser despojado de todo lo mío, deberé hacer el esfuerzo de recuperarme a mí mismo. En vísperas de que me vaya, tendré que aprender a despedirme.

Todo lo que empieza tiene que acabar, de acuerdo. Pero admitiremos que, una vez que todo ha comenzado para nosotros (la vida), en cuanto alcanzamos alguna madurez el problema decisivo pasa a ser su final (la vejez y la muerte). No fuimos sujetos de nuestro comienzo, pero sí podemos serlo de su término. Lejos de merecer tildarlo de enfermizo, será incluso un signo de buena salud. Por más que intentemos mirar para otro lado (o sea, di-vertirnos), llegará un momento en que ya no será fácil hacerlo. Esta es la cuestión: si ese recordatorio nos amargará cada instante del último periodo o, por el contrario, le concederá todo su valor.

Sobre la edad tardía

Seguramente el requisito adecuado para meditar y hablar de la vejez con cierta solvencia sea prestar atención al propio envejecimiento. Nadie ignora que cada día nos morimos un poco, aunque la convención reinante prefiere creer que sólo los mayores envejecen y mueren. Pero habrá que distinguir —lo que olvidó Epicuro en su famoso argumento— entre el proceso de morir y el momento de la muerte: mientras yo estoy, mi muerte no está presente, es verdad, pero me estoy muriendo. Ese envejecimiento puede llamarse “el otoño de la vida”, aunque sería más justo compararlo con su invierno, siempre que se acepte que esta vez no le seguirá ninguna radiante primavera.

Antes de dejar este valle de sonrisas y lágrimas, uno puede mantener que lo más decisivo se aprende al hacernos mayores

Parece como si la vejez nos llegara sin advertencia previa, por más síntomas que nos hayan anunciado su acercamiento. Al final, brotará la sorpresa del ah, ¿pero la vida era esto? ¿Y quién discutirá que a la vejez le gusta ocultarse? Mientras le sea posible, el ya anciano tratará de esconder su vergüenza ante el propio deterioro, encubrir su condena y retrasar en lo posible su seguro cumplimiento. Por eso mismo es un tiempo de eufemismos y disimulos. En lugar de llamarle anciano o viejo, preferimos denominarle una persona de edad o de cierta edad, como si todas las demás no lo fueran también. Los entrenamientos del cuerpo —hoy tan en boga— invitan al qué joven te veo, pero nos ahorramos el masaje de las menos visibles arrugas del alma.

A poco que el anciano mire dentro de sí, no habrá dolor o tristeza de los otros que le sean ajenos. Para él sus compañeros de generación conforman esa gran comunidad de morituri, o sea, de los que van a morir y requieren su cuidado recíproco. Pero a esa misma añada pertenecen también los viejos amargados que optan por encerrarse en su rincón y desentenderse de todos y de todo. Hasta de los muertos que los precedieron, de quienes son sus deudores. Se diría que, ante la amenaza que los aguarda, el máximo riesgo de muchos mayores es el de convertir su vida restante en un periodo de espera desconsolada, en un tiempo vacío…

Una provechosa meditación

Antes de abandonar este valle de sonrisas y lágrimas, uno está dispuesto a mantener que lo más decisivo en nuestra vida se aprende al hacernos mayores. Por eso no le asusta demasiado que, en mitad de una reunión de coetáneos, le cuelguen el sambenito de aguafiestas como se le ocurra introducir a la muerte en mitad de la charla. Replicará enseguida que siempre la llevamos con nosotros y nada hacemos sin contar con ella. Será una nueva ocasión de escapar de la mediocridad del montón, de la entrega a los prejuicios de la mayoría. Al fin y al cabo, bien sabemos que cada cual se muere solo y no en grupo…

La muerte relativiza todo cuanto se compare con ella o se contemple desde ella. El hombre mismo se ha definido como un ser relativo a la muerte, el ser que siempre vive en relación con ella. La muerte es su trasfondo y su horizonte; ella pone a cada uno en su sitio. La muerte nos hace pequeños y grandes a un tiempo. Pequeños, porque es la prueba incontestable de que nuestro destino inevitable es la nada. Sólo ante ella palpamos nuestra limitación esencial y la de nuestros proyectos más entusiastas. Pero también nos hace grandes al mismo tiempo. Y es que esta guerra perpetua acabará para cada cual en su propia derrota, pero tras unas cuantas victorias parciales que nos honran. Somos lo que llegamos a ser contra la muerte y por su mediación; a fin de cuentas, gracias a ella.

Hay que tomar nuestra existencia en serio precisamente porque acaba; no van a ofrecernos una nueva oportunidad de ser

Así las cosas, ¿no será la reflexión sobre nuestra finitud —al contrario de lo que predica el tópico— un considerable estímulo de la vida? ¿O no es su anticipación mental el acicate negativo de cuanto hacemos y aspiramos? La conciencia del límite que conlleva infunde urgencia a nuestros quehaceres y clasifica nuestros proyectos en más o menos importantes para mejor distribuir ese tiempo tan escaso que se nos ha otorgado. Sólo la previsión y meditación de nuestra fugacidad puede dotarla de su debido espesor; la muerte se encargará al final de encumbrar nuestra vida… o de certificar su pobreza. André Gide lo comprendió a fondo: “Por no pensar lo suficiente en la muerte, ni el más breve instante de tu vida ha sido lo suficientemente valioso”.

En definitiva, dar su justo valor al presente requiere vivir la vida desde ese futuro. Hay que tomar nuestra existencia en serio precisamente porque acaba, porque ya no podemos llegar a más ni van a ofrecernos otra nueva oportunidad de ser. Por eso mismo puede proclamarse con toda certeza que la muerte no está al final, sino en el centro mismo de la vida, según constata Ramón Andrés. Y repetir con Fernando Savater que “la evidencia de la muerte no sólo le deja a uno pensativo, sino que le vuelve a uno pensador”.

Aurelio Arteta, autor de A fin de cuentas. Nuevo cuaderno de la vejez (Taurus, 2018), ha sido catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco.

Fuente del enlace: https://elpais.com/elpais/2018/08/10/ciencia/1533902185_734964.html

Próximos talleres

“Té con Diálogo Filosófico”

10 de Octubre: ¿Podemos atender y escuchar en la sociedad del exhibicionismo?

14 de Noviembre: ¿Por qué anteponer el bien común a mi interés personal?

12 de Diciembre: ¿Es más valioso  ser  diferentes?

9 de Enero: ¿Tiene sentido el miedo a la muerte?

13 de Febrero: ¿Qué es la maldad?

12 de Marzo: ¿Es la lactancia materna un mandato?

16 de Abril: ¿Es posible presentir el futuro?

14 de Mayo: ¿Cómo saber qué es belleza?

11 de Junio: ¿Para qué cuidar el Planeta?

 

 

 

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Mi Bebeteca, cuentos a gatas: El León y el Ratón http://huertosfilosoficos.com/2019/12/19/primera-infancia-bebeteca-taller-filosofia/ http://huertosfilosoficos.com/2019/12/19/primera-infancia-bebeteca-taller-filosofia/#respond Thu, 19 Dec 2019 17:08:06 +0000 http://huertosfilosoficos.com/?p=1256 EL LEÓN Y EL RATÓN. FÁBULA DE ESOPO

Editorial: Gribaudo

Autor: Esopo

Os proponemos un plan de diálogo para activar las habilidades cognitivas que nos ayudarán construir pensamiento creativo, ético y reflexivo casi sin darnos cuenta  gracias a un cuento-fábula de Esopo.

Las preguntas están fundamentadas en el proyecto educativo «Filosofía para Niñ@s».

PLAN DE DIÁLOGO PARA MAMIS, PAPIS, ABUELOS, ABUELAS, TITAS, TITOS…  (ADULTOS)

-¿Qué es la reciprocidad?
-¿Ayudamos a todos los que lo piden? ¿Por qué?

-¿Qué criterio tienes para decidir a quién ayudar?

-¿Cuándo no deberíamos dar ayuda a los otros? ¿Por qué?
-¿Cómo recibimos la ayuda de los demás? ¿Por qué?

-¿Hay personas que no quieren ser ayudadas? ¿Por qué?
-¿Qué es el altruismo?

PLAN DE DIÁLOGO PARA Niñ@S.

 HABILIDADES COGNITIVAS DE INVESTIGACIÓN

-¿Qué vemos en la portada o cubierta del cuento?

-¿Por qué el león no se comió al ratón?

-¿Qué hizo el ratón para salvar al león? ¿Por qué?

HABILIDADES COGNITIVAS DE CONCEPTUALIZACIÓN

-¿En el cuento qué animales aparecen?

-¿Cómo sabemos qué es un  ratón?

-¿Cómo sabemos qué es un león?

-Si necesitaras ayuda, como el león, ¿a quién se la pedirías? ¿Por qué?

-¿Qué haces para  ayudar a mamá o papa  en casa?

-¿Para qué necesitas ayuda cada día?

Nota: siempre que terminamos de leer un cuento volvemos a retomarlo nada más terminar para hacer metacognición (reflexión) invitando a pensar sobre lo pensado, ocurrido, sentido… Ejemplos: ¿te ha divertido el cuento, qué te ha asombrado o gustado especialmente…?

 

 

 

 

 

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